Una de las cualidades de nuestro cerebro, es la capacidad de planificar y elegir lo que nosotras queremos. A esto se le llama: «libre albedrío”, la habilidad que tenemos de elegir conscientemente, una alternativa entre varias.
En Lc.10:38-42 tenemos el relato de dos mujeres que eligen que hacer en determinado momento en que Jesús pasaba por la casa de ambas.
Una eligió esforzarse en servirle, pero éste servicio no estaba hecho de la mejor manera, estaba “afanada y turbada”, la otra consideró que era una oportunidad especial para sentarse a los pies de Jesús y oírle.
Jesús les señaló que a veces no elegimos lo mejor. Les dijo que una cosa era necesaria y aquella que se sentó a sus pies había elegido eso.
Nuestro servicio es bueno cuando es en comunión con el Señor, cuando no nos turba y cuando no nos estamos comparando con los demás. Y a veces, como en este caso, era más importante oír que estarse moviendo.
El Señor nos ayude a elegir la mejor parte.
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