Abraham y Lot

Abraham vivió muchos años en Canaán. Dios lo había llamado desde Ur, el lugar donde vivía con su familia, para llevarlo a una tierra muy especial que le había prometido darle a él y a su descendencia. Dios lo había llevado a vivir a este país, dándole muestras de su poder. Pero ese no era un lugar definitivo y todavía no tenia un hogar permanente. A medida que el tiempo transcurría, los rebaños de Abraham se iban multiplicando. Tenía gran cantidad de ovejas, cabras, burros y camellos. La caravana de gente y animales iba de un lugar a otro hasta encontrar una zona donde hubiera suficiente agua y alimento. Allí armaban sus tiendas. Abraham viajaba con su esposa Sara, sus pastores, su sobrino
Lot y los pastores de este. ¡Era mucha gente y animales!
Tal multitud era muestra del amor de Dios hacia Abraham. Cuando lo había llamado en Ur, le había dicho:

“Deja tu tierra… para ir a la tierra que te voy a mostrar. Con tus descendientes voy a formar una gran nación; voy a bendecirte y hacerte famoso, y serás una bendición para otros…” (Genesis 12:1-2).

Cada tanto, Dios le repetía estas palabras. Tenía grandes planes para Abraham. Pero no sólo para él sino que, a través suyo, muchos otros serían bendecidos.
En la biblia leemos que, en cada nueva parada durante el largo viaje, Abraham construía un
altar para adorar el nombre de Dios, recordar su promesa, reconocer su fidelidad y agradecer su bondad hacia él y su gente.
Lot, el sobrino de Abraham, también tenía muchos animales y pastores. Con el tiempo, los rebaños de Abraham crecían y crecían.

¡Dios los estaba bendiciendo tal como lo había prometido!

Las personas y los rebaños llegaron a ser tantos, que la convivencia se complicó y hubo una fuerte discusión entre los pastores de Abraham y los pastores de Lot.
Tal vez, uno de los pastores de Abraham protestó: “Nosotros descubrimos primeros esta fuente de agua. Nos pertenece”. Seguramente uno de los pastores de Lot se quejó: “Los animales de ustedes se comen todo el pasto y no queda nada para los nuestros”.
Sin duda los pastores no habrán sido precisamente amables entre ellos al discutir y, tal vez, incluso llegaron a golpearse. Todo el mundo quería el mejor espacio, con buenos pastos y agua pura.
Abraham sabía lo que Dios quiere: que las personas vivan en paz. Dios es el Dios de la paz (Romanos 15:33; Hebreos 13:20). No desea que sus hijos se peleen, sino que vivan en paz (2 Corintios 13:11). Por lo tanto, Abraham pensó: “¿Qué puedo hacer para que esto no siga así?” Después de pensar seguramente le pidió a Dios que lo ayudara a encontrar una solución. Abraham comprendió que tendría que renunciar a algo para que todos pudieran vivir en paz.

Abraham invitó a Lot a dar un paseo para hablar con tranquilidad. Tal vez no le resultara fácil acercarse a Lot. A menudo, tomar la iniciativa de dialogar con la otra persona es el primer paso hacia la paz.
Llegaron hasta un valle precioso, que parecía un jardín y que tenía suficiente agua. Abraham conversó con su sobrino Lot: “Tú y yo somos parientes, así que no está bien que nos peleemos entre nosotros, ni tus pastores con los míos. Ahí está toda la tierra, para que escojas. Por favor sepárate de mi.
Si tu te vas para el norte, yo me voy hacia el sur, y si tu te vas para el sur. Yo me voy al norte”. (Génesis 13:8-9)
¿Lo más importante para Abraham era quedarse con las mejores tierras? ¡No! Para Abraham lo importante era que no hubiera peleas entre él y su sobrino, ni entre los pastores de ambos. Él sabía que mantener la paz era mejor que quedarse con los mejores pastos y con la mejor agua. Además, seguía confiando que Dios le daría lo que necesitaran.

Lot tenía la oportunidad de elegir, aunque no le correspondía, ya que el dueño era su tío, mayor de edad y, por lo tanto, tenía el derecho a quedarse con el mejor territorio. Pero Abraham prefería lograr la paz entre todos; por eso le dio la oportunidad de elegir. En la biblia leemos que con detenimiento Lot se puso a mirar el territorio.

La tierra, los pastos, el agua: todo era excelente.

Probablemente fuera más de lo que necesitaba para vivir. El río Jordán le proveía el agua. Había hermosas praderas verdes y tierra más que buena para cultivar. El valle era como un grande y hermoso jardín en el que crecían muchas clases de plantas y frutales. Sin duda él, su familia, su gente y sus animales tendrían allí siempre todo lo suficiente. Lot pensó que seguramente llegaría a ser un hombre muy rico.
Finalmente se decidió: “Tomaré esta tierra y seré muy feliz”.
Lot eligió buscando su propio bien, de manera egoísta y avara, y sin pensar en los demás.
¿Habrá sido una buena elección?
Sin duda, Abraham conocía bien ese país. Sabía que la tierra producía mejores pastos. Pero la decisión estaba tomada, así que tuvo que dejar el lugar. Sin duda no debió haber sido fácil para Abraham.
Al final, Lot se separó de su tío Abraham. Se dirigió hacia el este, hacia los fértiles campos del Jordán. Abraham por su parte, se mantuvo en los territorios que quedaron.

El terreno era rocoso y, a veces, empinado. La zona no parecía tan buena como aquella que había elegido Lot. Pero Abraham no se quejó. Él buscaba la paz con su sobrino y entre los pastores de ambos. ¿Se habrá entristecido Abraham por la tierra que le dejó Lot? Si bien era cierto que no era una
tierra fértil y hermosa como la que Lot había elegido, lo más importante es que se habían solucionado las diferencias entres él y su sobrino. Abraham sabía no buscar únicamente su propio bien; había pensado en el bien de Lot. Abraham había optenido lo que Dios quiere: que sus hijos vivan en paz. Abraham estaba muy feliz por la paz más que por un pedazo de buena tierra. La paz es mejor que tener una buena posesión.
Abraham sabía que Dios estaría siempre con él, cumpliendo sus promesas de darle un hermoso lugar donde vivir con su esposa y futura descendencia, de bendecirlo y de bendecir a otros a través suyo.
Dios volvió a hablarle:

“Desde el lugar donde estás, mira bien al norte y al sur, al este y al oeste; yo te daré toda la tierra que ves, y para siempre será tuya y de tus descendientes”

(Génesis 13:14-15).

Abraham sabía que Dios decía la verdad. Hubo un tiempo en que debió renunciar, pero Dios estaba con él brindándole todo lo que necesitaba. Y en su corazón, Abraham experimentaba una autentica paz. Así
que, con la tranquilidad de que había hecho una buena descisión, Abraham llamó a su esposa, levantó su campamento, reunió sus pastores y ganados, y se fue a vivir a un bosque de encinas. Cuando llegó, volvió a hacer lo que solía: construyó un altar en honor al Señor, para alabarlo y agradecerle.

Extracto de Revista Niñez Año 40 – Nº 1 – Lección Central

Conclusión

¿Estas teniendo algún conflicto o pelea con otra persona? Tal vez con un hermano, con un compañero, un amigo o alguien de tu familia. 

 Dios, que es tu amigo desde el día que creíste en Él, quiere ayudarte a no mirar solamente tu propio bien, a conversar con la otra persona, incluso a renunciar a algo que sea importante para ti, para permitirte estar en paz.

Actividades  

smile Dibuja las tierras de Lot y las de Abraham.

USA TU IMAGINACIÓN wink